Cambio de perspectiva
Si bien empecé el año dispuesta a todo, lo cierto es que escribir siempre será una montaña rusa para mí. Un día tengo mil ideas y unas ganas terribles de escribir una historia, y al día siguiente esa misma historia ya no me provoca absolutamente nada.
Eso ha sido —y no— lo que me ha llevado a tomar la decisión de postergar la publicación de Comenzó en Noruega y centrarme en historias que, aunque bonitas y sentimentales, tienen menos de mí con lo que identificarme. Algo que, en teoría, hace más sencillo escribir sin romperme en cada capítulo.
O eso pensaba cuando empecé a escribir este post hace dos días.
Tras una semana y media con esta idea tomada —pausar #proyectoNoruega para empezar con #proyectoZorro—, lo cierto es que tampoco he avanzado demasiado con la tarea.
Para hoy, 1 de febrero, la escaleta —algo que, por cierto, nunca he hecho— debería estar completa. Puedes imaginarte cómo está ahora mismo.
Inconclusa.
Por supuesto.
Inconscientemente me digo que no pasa nada, que todavía tengo todo el día para terminarla. Y seguramente lo haga, porque se supone que bajo presión trabajo mejor. Pero lo cierto es que no me gusta ser así. Me genera ansiedad y me estresa mucho. Y no hablo de hacerlo todo deprisa y corriendo, sino de no poder hacerlo antes porque mi cabeza simplemente no me lo permite.
Ayer la oficina estuvo no solo vacía, sino que apenas tuve trabajo. Podría haber aprovechado la mañana entera para escribir esa maldita escaleta. Sin embargo, perdí el tiempo. Porque aunque intenté procrastinar de forma “productiva” —organizando horarios futuros, creando posts para redes, programando los que ya tenía—, lo cierto es que no hice nada. Me quedé mirando la pantalla, escuchando mi audiolibro y moviendo la pierna sin parar, con esa ansiedad que me genera estar sentada todo el día sin hacer nada, pero bloqueada sin poder hacer algo.
A veces es duro ser así.
Pero basta de lamentos. Hoy tengo compañía. Una a la que también le gusta escribir y que tiene que corregir la segunda parte de su saga —y tercer libro—, así que espero que me empuje y me ayude a salir de este maldito bloqueo mental.
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